COPplantaciones

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En primer lugar, y dejando a un lado la feria de las vanidades asociada a este tipo de eventos, quisiera felicitar de forma muy sincera a todos aquellos que han colaborado o participado para que la COP25 fuese lo más exitosa posible, en especial a todos aquellos que, con la mejor de las intenciones, han ido a exponer sus experiencias, sus resultados y su buen hacer. Desafortunadamente, y aunque a diferencia de la COP del año 2018 no ha habido (que yo sepa) una declaración institucional relacionada con los bosques, quisiera referirme a algún aspecto del que me parece no se ha hablado lo suficiente en esta Cumbre y que presenta una notable importancia si se habla de la reducción de emisiones de CO2: las plantaciones forestales.

 

 

Partiendo del hecho que en el año 2017 estas plantaciones han contribuido en España a contrarrestar el 11% de las emisiones, merecería que, en un foro de estas características se hablara con claridad sobre cuáles van a ser las políticas futuras relacionadas con las forestaciones. El silencio a este respecto parece que esté relacionado con una estrategia de invisibilizar a estos sistemas forestales. En esta línea, resulta muy llamativo el eufemismo que muchas veces y en múltiples organismos y documentos se utiliza para categorizar estas emisiones negativas: sector LULUCF, cuando con estas iniciales no se está reconociendo explícitamente que, por lo menos, el 90% de ese saldo positivo para la contabilidad nacional procede de plantaciones que han cumplido las condiciones de Kyoto. Pero, a mi juicio, lo más grave no es que no se reconozca, sino que en documentos oficiales se ha fijado una cantidad para el sector LULUCF de -29,1 millones de t que el gobierno dispone a su antojo, sin que los propietarios forestales de los terrenos donde este carbono se captura puedan beneficiarse en nada de todo ello. Es decir, para el gobierno es algo como caído del cielo que no acarrea ningún compromiso ni, por supuesto, ningún tipo de compensación a los propietarios. El objetivo es, simplemente, nacionalizar un servicio ecosistémico producido en tierras privadas a coste cero.  

 

Si nos vamos a instancias superiores, en estos días se ha anunciado en la cumbre el borrador del Green Deal donde se incluye una nueva estrategia forestal europea para el año que entra. Dado que en ese nuevo Green Deal se dice expresamente que uno de los objetivos clave de esta estrategia será una “effective afforestation”, no estaría de más que se hubiese adelantado algo más de esta estrategia. Máxime cuando, gracias a la brillante intervención en esta cumbre de Miguel Salvador Arroyo, descubrimos que el Vicepresidente de la Comisión (de nacionalidad holandesa) tiene un conocimiento muy limitado sobre, casual o casualmente, … el eucalipto. En fin, confiemos en que cierta xenofobia botánica no haya traspasado fronteras. 

 

Esta ausencia de propuestas en relación con el posible incremento y/o mejora de las plantaciones existentes llama la atención, sobre todo porque resulta contradictorio reivindicar las propiedades de la madera como, por ejemplo, material de construcción que sustituye a otros cuya huella de carbono es muy superior… y no hablar de cómo se espera cubrir ese incremento en la demanda de madera si esas medidas tienen el éxito esperado por algunos. Ya que se habla tanto del ciclo del carbono igual no estaría de más recordar que las producciones forestales también están asociadas a un ciclo temporal, si es que se pretende abastecer esa hipotética futura demanda con productos de cercanía. Por otro lado, creo que esta apuesta por los productos derivados de la madera podría ser una palanca para desarrollar un sector forestal que pudiera dar respuesta a esta futura demanda, y que conllevaría externalidades positivas como pueda ser la creación de riqueza en zonas que sufren el gravísimo problema del despoblamiento rural. Estos argumentos deberían ser compartidos por cualquier partido político y gobierno, pero en España parece que no es el caso. Resulta obvio que, en relación con las plantaciones, hay otras prioridades, u otras restricciones de tipo ideológico, además de un evidente neocolonialismo urbanita.

 

En esta línea, a título de ejemplo, en el reciente borrador del Plan Nacional integrado de Energía y Clima 2021-2030 no han tenido más remedio que referirse a las plantaciones de forma lacónica cuando se habla de la “creación de superficies arboladas”. Sin embargo, curiosamente sólo se particulariza en dicho documento una especie (el chopo), pero sólo en unas determinadas condiciones (sustitución de cultivos agrícolas en zonas inundables) buscando, y copio textualmente, su “cultivo racionalizado”.  Sinceramente, no entiendo bien este participio ni a qué se refiere… ni porqué se utiliza un lenguaje agronómico en vez de uno forestal. Con todos estos dislates, ¿qué debe pensar cualquier sector productivo si no se le menciona, no se le reconoce su capacidad, no se le compensa, no se le defiende y hasta se le hurta hasta de su vocabulario más básico? 

 

Para finalizar quisiera desear unas muy felices Navidades y lo mejor para el año que viene con una foto de un ejemplo, claro está, de plantación forestal (y también de bioeconomía) tampoco muy reivindicado últimamente, y que tiene estos días atribulados a algunos alumnos de esta casa.