biodiversidad y aspectos económicos

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Las relaciones entre biodiversidad con ciertos aspectos económicos se han caracterizado en los últimos años por una cierta dualidad: mientras, por un lado, se ha ahondado en el tratamiento de este servicio ecosistémico a través de distintas herramientas relacionadas, en un modo amplio, con la economía, por otro se ha producido una cierta aversión a este tipo de aproximaciones. En efecto, bien sea por razones de tipo ético o por la adopción de posturas maximalistas, continúan apareciendo voces discrepantes con la idea de integrar ambas aproximaciones. 

 

 

Sin embargo, en las últimas fechas han aparecido ciertas noticias que apuntan a seguir en la primera línea de trabajo arriba indicada. Por ejemplo, resulta bastante paradigmático que la revista Nature vaya a nombrar próximamente un editor vinculado al campo económico. Sin duda, esta decisión supone admitir la necesidad de incorporar ciertos aspectos económicos a la línea editorial de una de las revistas científicas más prestigiosas a nivel mundial. En otro orden de cosas, el número de trabajos que profundizan en las relaciones entre ambos ámbitos no para de crecer. Sin ninguna pretensión de ser exhaustivo, y sólo centrándome en algunos artículos recientes publicados en las revistas científicas más sólidas y de mayor impacto, cabe resaltar el trabajo de Paul et al. (2020), publicado en Science Advances, donde se categorizan de una forma bastante exhaustiva posibles relaciones entre la biodiversidad y el valor económico en función de distintos servicios ecosistémicos y situaciones. Resulta muy interesante su aproximación a la hora de definir estas relaciones en forma de cascada. 

 

Siguiendo con publicaciones de muy alto nivel científico, cabe también resaltar el trabajo de Hein et al. (2020) publicado en Science donde se presenta una actualización de los sistemas de cuentas ambientales (quizá lo más próximo existente a la idea de unas cuentas verdes veraces, sólidas y accesibles) en Europa y otros países, y donde está incluida de forma específica la biodiversidad en estas cuentas. Ello no implica que no haya problemas ni desafíos, pero el primer paso ya se ha dado: se ha admitido la necesidad de añadir la biodiversidad en estos ejercicios agregados de contabilidad verde. 

 

Lo arriba comentado y las revistas a las que me he referido (Nature, Science, Science Advances) marca y resalta la idea de la importancia de integrar la biodiversidad con un prisma económico. En el caso práctico de España, lamentablemente, existen esfuerzos notables en esta línea, pero las valoraciones existentes a nivel espacial y que incluyen aspectos relacionados con la biodiversidad (Inventario Forestal Nacional, Proyecto VANE, Ecosistemas del Milenio, Proyecto RECAMAN, etc.), no son en muchos casos conocidas, ni están correctamente difundidas ni, que yo sepa, han sido admitidas, por ejemplo, en procesos judiciales. Un desgraciado ejemplo que confirma este hecho se puede comprobar en la sentencia del Prestige. Por último, esperemos que esta situación cambie en el futuro, aunque mi escepticismo al respecto no deja de aumentar.