Valorar y Valorizar

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Como es bien sabido, el concepto de valor presenta diferentes acepciones, bajo distintos prismas, contextos y componentes éticos. Por otro lado, dado que muchas veces se refiere a aspectos intangibles, sus interpretaciones son muy diversas, y ésta se producen en campos muy distintos.  No se pretende abordar en esta breve entrada esta prolija casuística, sino simplemente comentar el empleo de algunas palabras relacionadas con la idea de valor dentro de un contexto relacionado con la bioeconomía. Como se verá, algunas acepciones a veces se toman como sinónimos, pudiendo inducir a una cierta confusión. El término “valorar” está anclado al precio que puede tener un bien o servicio, siguiendo la acepción más cercana a aspectos relacionados con el ámbito empresarial. Sin embargo, desde hace mucho tiempo en campos como la valoración agraria o ambiental se ha superado esta relación limitante, tanto en lo que se va a valorar (los servicios ecosistémicos incluyen valores de mercado y de no mercado) como el momento en que se realiza. Así, frente al yugo del ejercicio anual, la valoración cuando aborda bienes y servicios vinculados a ciclos biológicos o de producción largos o muy largos, debe tener de alguna forma en cuenta la sostenibilidad de dichos sistemas. 

 

 

Por tanto, la acepción valorar se utiliza indistintamente para múltiples bienes y servicios. En lengua inglesa diferencian bien el concepto de “valuation” frente al de “appraisal”, pero en nuestro país esta distinción es menos marcada.  En general, por ejemplo, se habla de “valorar” aspectos recreativos, pero no se dice “tasar” el servicio ecosistémico de polinización, dejando este verbo sólo cuando subyace claramente un mercado bien establecido. Acompañando con otro ejemplo, mientras que en España es más usual referirse a la valoración de la madera que a la tasación de la madera, en Estados Unidos es justo al revés (timber appraisal). Sin embargo, en los últimos años, se ha extendido mucho el uso de la palabra “valorizar”, empleándose por no pocas personas como sinónimo de “valorar”. Aunque etimológicamente pueda tener sentido y sea aceptable esa analogía, creo que el empleo de valorizar encaja mucho más con la idea de recuperar un valor asociado a un ciclo de producción. Los ejemplos más claros proceden del campo de la economía circular, donde existen múltiples casos cuyo objetivo es otorgar un valor a ciertos subproductos en un sistema de producción circular que anteriormente no lo tenían en un sistema de producción lineal. Por poner un ejemplo, tiene sentido valorizar los residuos de un proceso de producción, buscándoles otro uso donde se pueda monetizar algo que, en principio no era más que un subproducto que sólo generaba costes, aumentando por ello el valor de algo ya existente. 

 

Con todo ello, no veo útil emplear esta palabra (“valorizar”) para valorar servicios ecosistémicos que no presenten un precio de mercado. Por ejemplo, si tenemos que calcular el valor asociado a un servicio recreativo en un bosque periurbano, no se debe, a mi juicio, emplear el verbo “valorizar”. Aquí no se está recuperando algo que no tenía valor, sino que está cuantificando algo que sí que tenía un valor, pero que éste no se había medido. De hecho, en los libros más citados sobre valoración ambiental no se emplea este verbo para referirse a las estimaciones de valores asociadas a bienes y servicios que no presenten un valor de mercado, manteniéndose la tradicional acepción de “valorar”. Finalmente, en una época donde el uso del lenguaje no es precisamente neutro, otro motivo de mi discrepancia nace de una percepción que he observado según la cual parece que interesa alejarse de los conceptos “valor” o “valoración” cuando nos referimos a ciertos contextos. Es como si la palabra “valorización” fuera más macanuda y en ella se diluyera deliberadamente la componente económica subyacente a la idea de valor.