Evaluaciones del profesorado: discrepando de negacionistas

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Uno de los aspectos más peliagudos de la gestión universitaria radica en el sistema de evaluación a compañeros que legítimamente quieren, o bien consolidarse, o bien ascender en su carrera profesional. Así, hoy en día es práctica común que existan filtros, a nivel autonómico, o a nivel nacional, para casi todas las plazas que salen a concurso. Si nos centramos en las categorías de más enjundia (Profesor Titular o Catedrático de Universidad) una condición previa (hasta ahora) era acreditarse en un procedimiento a nivel nacional en la ANECA. Dicho mecanismo lleva años perfeccionándose, y con sus aciertos y desaciertos se ha llegado a consolidar en nuestro país.

 

 

Sin embargo, es necesario resaltar que nunca llueve a gusto de todos, y el procedimiento siempre ha recibido críticas. Personalmente opino que es un sistema superior que los anteriores, en mejora continua, y que, a diferencia por ejemplo de las anteriores habilitaciones a nivel nacional, es mucho más garantista. El motivo de esta entrada es que, ciñéndome sólo a las evaluaciones de las figuras arriba reseñadas, las críticas que aparecen en muchas ocasiones me parecen interesadas y, otras, muy desafortunadas. En esta última categoría se puede encuadrar un manifiesto firmado por un conjunto de Profesores y en donde se critican algunos aspectos fundamentales del mismo. Por ejemplo, que existan dos bases de datos de medición del impacto (Clarivate y Scopus) y que se pague con dinero público el coste de publicar en muchas revistas científicas (olvidándose de los beneficios que reporta a los investigadores poder acceder a esas bases de datos, con independencia de si se publica o no).

 

Con relación al primer reproche, se califica como “cuasi-colonial” que se utilicen esas dos bases de datos porque, además de ser sólo dos, están en idioma inglés y eso, según su argumentación, distorsiona la investigación que se hace en idioma español. Sin embargo, ocultan que son evaluaciones utilizadas en todas las partes del mundo y, por tanto, aceptadas universalmente. Cuando se apostilla como “cuasi-colonial” una suerte de oligopolio se están introduciendo matices estériles en el debate, y que no voy a comentar. Es cierto que esas dos bases de datos son las más utilizadas, pero no las únicas (Google Scholar es otra de ellas que no se menciona), y este no es el único campo donde ocurren estos fenómenos. Bien es cierto que esos dos sistemas presentan una cuota de mercado grande en sus áreas, pero existen más empresas implicadas en el negocio de la publicación científica a nivel internacional. Por otro lado, que se haya producido en las últimas décadas fenómenos de concentración en la industria editorial a nivel mundial no es responsabilidad de los autores de artículos científicos. 

 

Un científico debe aspirar a publicar donde publican sus pares a nivel internacional, y si estos lo hacen en revistas pertenecientes a grandes editoriales, debe hacerlo ahí, aunque le cueste dinero. Y eso debe estar estimulado por las propias Universidades, ya que los rankings más aceptados a nivel internacional incluyen como indicadores, directa o indirectamente, métricas como la publicación y las citas en dichas revistas de impacto. Hablando de dinero, sí es cierto que muchas veces hay que abonar una suma para publicar un artículo (o que éste se muestre en abierto al público) pero ese coste se puede imputar en muchos proyectos de investigación. Si estos firmantes se escandalizan porque con dinero público se financien estos pagos, me gustaría saber de dónde sale el dinero que financia el software de los programas informáticos que utilizan (y a veces el hardware). No quisiera pensar que hay una lista de bienes o servicios donde sí se puede gastar el dinero público en ciertas “multinacionales” y, por el contrario, en otras no. Por otro lado, que las revistas tengan un acceso privado a sus artículos resulta obvio, pero cada vez abundan más el número de artículos en abierto, así como la facilidad de conseguir dichos artículos sin pagar (no recuerdo de ningún artículo que no estuviera accesible a través de mi Universidad que no lo haya conseguido pidiéndoselo a los autores o a través de los eficientes y amables bibliotecarios que los buscan y me los hacen llegar). En definitiva, respetando este punto de vista, me recuerda al de los negacionistas en otros ámbitos. Resulta muy fácil criticar sin aportar otra solución al supuesto problema. Buscando algo que pudiera ser similar a lo que supuestamente pretenden, apunto una idea que se ha diseñado hace algunos años en Brasil (y sobre la que tampoco estoy muy convencido): una base de datos nacional llamada Qualis para evaluar todas las revistas en 8 Categorías. Ese ranking es público, no pertenece a la iniciativa privada… pero mi experiencia es que presenta, en los puestos prominentes, una evidente correlación con los otros dos rankings que son objeto de estas críticas. Y, por cierto, no se actualiza desde 2016.

 

Por otro lado, se incurren en tópicos que no aportan nada y que pretenden politizar este legítimo debate. Así, se insinúa que si no se hace lo que los firmantes proponen la Universidad no es pública ni democrática, lo cual resulta absolutamente fuera de lugar. Por otro lado, se habla de “modelo neoliberal” (cuando, por ejemplo, las publicaciones de autores de países como China son cada vez más frecuentes), que no se debe fomentar la “competencia” sino la “colaboración” (justamente lo que se promueve en los Proyectos Internacionales son esas colaboraciones), y se aportan argumentos falsos como que en las actuales evaluaciones de profesorado no se tienen en cuenta la dirección de Tesis Doctorales o la generación de patentes. También se indica que se debe introducir el impacto social como criterio, sugiriendo una serie de temas donde se debe publicar. Creo que siempre habrá investigadores publicando en cualquier campo y las Editoriales suelen percibir estos nichos de mercado para promover nuevas revistas. Siempre ha sido así, y no veo porque ello vaya a cambiar. Ahora bien, primar arbitrariamente unos temas sobre otros, sí que me parece bastante antidemocrático. Por otro lado, se afirma que la valoración de la actividad investigadora de cualquier solicitante realizada por expertos debe resultar informada y bajo un carácter deliberativo. Curiosamente, esto es…. exactamente lo que actualmente se hace en la ANECA. 

 

Además, se aportan datos para justificar que muchos artículos publicados en revistas de impacto presentan pocas citas o pocas lecturas de dichos artículos, por lo que se recomienda dar más peso en los criterios de evaluación la publicación de libros. Este es un tema que me resulta interesante porque muchas veces uno se plantea los posibles réditos académicos de publicar un libro o un capítulo de libro frente a los artículos de impacto. Desafortunadamente, los autores de este manifiesto no aportan ninguna estadística sobre los libros que se leen o no se leen, la existencia de rankings de editoriales o de Universidades (¿existen? ¿son perfectos?), o si todas las Editoriales exigen que los libros vengan revisados por pares (como ocurre en los artículos de impacto). No quisiera pensar que se propone que cualquier libro sin revisión externa sea lo ideal, o que sólo tienen valor los libros que se publiquen según los criterios y en los lugares donde quieran algunos iluminados. Tampoco quisiera inferir que se sugiera que si se publique un capítulo de libro con otros autores se está “colaborando”… y si se publica un artículo de impacto con los mismos autores… se está “compitiendo”. 

 

En definitiva, partiendo de la base que no hay un sistema perfecto, que las áreas de conocimiento presentan peculiaridades que se deben integrar en la valoración de los méritos, que cada investigador puede siempre pensar que no se le valora adecuadamente un determinado mérito, no me parece que el sistema actual sea tan malo, máxime cuando sigue pautas homologables a nivel internacional. Para proponer una enmienda a la totalidad, como lo que se sugiere en esta publicación, echo en falta más y mejores argumentos. Y, por cierto, se dice que se deben considerar como méritos de investigación publicaciones en abierto, por ejemplo, en blogs (supongo que como este). Para que quede claro, en mi caso, nunca ha sido una aspiración, y no me parece una idea sensata.