Estrategia Forestal Europea (I)

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Esta entrada pretende comentar algunos aspectos de esta reciente medida, sin entrar en antecedentes históricos o legislativos. Todo ello desde un punto de vista forestal, y teniendo presente que la UE no presume de tener una política forestal común. Ello limita el alcance de cualquier medida, pero también obliga, de forma simultánea, a ser ambicioso en el alcance (la escala estratégica en lo forestal es mucho más dilatada que en el ámbito político) y precavido en los objetivos (no se debiera pretender un sucedáneo de política forestal para todos los países). 

 

 

Como primera idea, llama mucho la atención la insistencia en imponer conceptos que los forestales llevan interiorizando desde hace mucho tiempo y que, por desgracia, sospecho que aparecen con reiteración simplemente por ser “hot topics”. Uno de ellos es el de resiliencia, que se utiliza hasta la saciedad… sin abordar o cuantificar en ningún momento las diferentes dimensiones que se engloban dentro de este concepto. El otro es el de la multifuncionalidad. Al respecto, sólo voy a comentar que el primer artículo del primer número de la prestigiosa revista Forest Science ya se refería a esta idea desde el punto de vista económico… ¡en el año 1955! Vale más tarde que nunca subirse a ese carro, pero es como si pretendieran descubrir en el año 2021 la datación mediante carbono.

 

Por otro lado, uno se pregunta qué debería esperarse en una estrategia forestal. Básicamente, debería hablar de estrategia y de lo forestal. ¿Cumple estas premisas? En cuanto a la primera parte, creo que toda estrategia debe definir unos objetivos de forma lo más clara posible para que pueda ser aplicable. En este caso, a mi juicio, los objetivos están difusos, el horizonte temporal desenfocado, la conjunción tiempo y espacio, tan importante en este ámbito, muy desaparecida y el papel de los stakeholders difuminado hasta contradecirse en quiénes deben merecer esa categoría. Lo que sí debe reconocerse es el carácter dinámico en el sentido de presentar intenciones de mejora continua. Por el lado forestal, lo que uno pudiera pretender es una estrategia de todo el sector forestal de la UE. Ello no es así, como comentaré más adelante, y aunque se encuentre lastrada por esa falta de política forestal común, debería de haberse intentado sintetizar unos objetivos generales que pudieran ser integrados en todos los ámbitos del sector forestal europeo. 

 

De forma resumida, se ha desechado la idea de aunar en una estrategia el soporte de todos los servicios ecosistémicos asociados a los sistemas forestales en Europa. Lo que se ha hecho es agregar diferentes normas, estrategias, reglamentos y demás legislaciones focalizadas en cada aspecto, servicio ecosistémico o producto concreto y que, a su vez, están moduladas por otras super-estrategias transversales. Es decir, se ha asumido que lo forestal tiene que estar supeditado a un conjunto de normas existentes que le impiden desarrollar esa estrategia. Ello implica, además, que esa agregación es perfecta, que no hay solapamientos o incompatibilidades. Por poner un ejemplo extremo, se cita varias veces la importancia que pueden tener los sistemas forestales en cuanto a mejorar la salud mental de las personas. No discuto esta cuestión, pero es posible que si se publica un reglamento sobre este aspecto… igual ahí se publican normas a seguir para que los bosques mejoren la salud mental de las personas, lo que no dejaría de ser paradójico. En definitiva, parece que tenemos la suerte que, en este caso, la suma de las partes sea superior al todo. Lo que se ha hecho es, si se me permite la comparación, como si un propietario de una dehesa quiere tener unas pautas estratégicas para este sistema forestal en los próximos años. Pues bien, se encuentra que no le van a dar dichas pautas. Le van a decir que debe respetar la norma asociada a la caza, otra a las leñas, otra relacionada con la biodiversidad, otra con el carbono, otra con otros productos forestales no madereros… pero ninguna para ese sistema forestal de forma conjunta.

 

Por otro lado, el documento presenta carencias en cuanto a ciertas informaciones, links que no funcionan, exceso de literatura gris, de cierta autopromoción, así como la inclusión de ejemplos casi anecdóticos en un contexto continental. Pero, a mi juicio, le falta mucha más concreción, y explicaciones sobre los términos que utilizan (algunos, de forma contradictoria). Dejando estos aspectos formales, voy a señalar algunas cuestiones de fondo que me parecen significativas. La primera es el propósito de sublimar ciertos aspectos como el de los bosques primarios. Bien es sabido que el 90% de esa superficie se concentra sólo en 4 países, con lo cual no es un elemento tan importante en otros muchos países o, dicho de otra forma, igual es una cuestión más de política que de estrategia forestal. Pues bien, percibo una idea de ampliar la definición a otro tipo de estructuras antropizadas y donde se pretende que no se pueda realizar ningún aprovechamiento. Fácilmente uno puede pensar en muchos montes de España que, según se defina esa acepción de “primary and old-growth forests” se pueden integrar en esta nueva categoría, y que se corresponden a sistemas donde coexisten diversos objetivos y donde, por ejemplo, los aprovechamientos madereros de forma ordenada no suponen ningún problema, más bien al contrario.

 

Relacionado con esto es el poquísimo peso que se ha prestado a elementos claves como son la gestión y la selvicultura. Se habla de prácticas de gestión forestal sostenible, pero no se especifican adecuadamente. Tampoco se da cancha a la selvicultura, lo cual sorprende mucho porque si un objetivo es alcanzar unas cifras en cuanto a la captura de carbono, uno se pregunta si se dispone, al efecto, de las herramientas selvícolas adecuadas. Llegados a este punto alguien me podría advertir que eso también sería objeto más de medidas de política forestal. Cierto, pero lo he traído a colación porque en esta estrategia se ha demonizado a las cortas a hecho, y se ha puesto en los altares a las masas irregulares y al continuous-cover forestry. ¿Por qué estas alternativas selvícolas y no otras (por ejemplo, los sistemas de retención variable)? No se sabe. Como no existe un poso sólido de técnica forestal, uno puede interpretar que todo está orientado a contentar a ciertos grupos de presión. Por último, y volviendo a la demonización de las cortas a hecho, ¿esta idea es compatible con el principio que aparece en la página 3? (“We must equally importantly guarantee the availability of wood”…). ¿no habíamos quedado en que esto iba de multifuncionalidad? Obviamente, se puede cortar madera sin cortas a hecho pero, ¿se ha analizado de la oferta anual de la UE, cuánta madera procede de ese tipo de cortas? ¿por qué no se dice que se incentivará no utilizar esta práctica, como, por ejemplo, al modo de Nueva Zelanda? Por último, quedaría por hablar de la medida estrella de la estrategia: la plantación de 3 billones (anglosajones) de árboles, pero va esto va a ser objeto de otro análisis.